miércoles, 6 de febrero de 2013

Los asalariados del campo

Mientras llegan los informes
El propósito de este escrito es contribuir a las discusiones sobre el primer punto de la agenda de La Habana. Tiene en cuenta los puntos enunciados en el Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, suscrito el 26 de agosto de 2012, así como las diez propuestas de las FARC sobre el desarrollo rural integral que son de conocimiento público. Desafortunadamente, los voceros del gobierno han mantenido silencio sobre las propuestas de desarrollo rural anunciadas recientemente por las FARC.
Sobre el primer punto de la Agenda, hasta ahora solo se conocen las reiteradas declaraciones del ministro Juan Camilo Restrepo sobre el supuesto despojo de tierras por parte de la guerrilla y la no modificación de la ley 1448 en el marco de las conversaciones de La Habana.
Tampoco se conocen todavía ni el informe de las Mesas Regionales convocadas por las Comisiones de Paz del Congreso ni el del Foro Agrario realizado en diciembre de 2012, pese a que estos documentos son fundamentales para conocer las propuestas en torno a la paz que han hecho sectores importantes de la sociedad colombiana.
Antes de exponer mis observaciones sobre algunos asuntos que hasta ahora no han merecido mayor atención de los voceros de las FARC, ni del Gobierno, me referiré brevemente a los puntos del problema agrario esbozados en el Acuerdo General.
Qué dice el Acuerdo
Recuérdese que en este documento se enuncian esquemáticamente seis soluciones al problema agrario colombiano que conformarían una “Política de desarrollo agrario integral”, la que a su vez es considerada como “determinante para impulsar la integración de las regiones y el desarrollo social y económico equitativo del país”.
Esta política se expresa en los siguientes enunciados:
“1. Acceso y uso de la tierra. Tierras improductivas. Formalización de la propiedad. Frontera agrícola y protección de zonas de reserva.
2. Programas de desarrollo con enfoque territorial.
3. Infraestructura y adecuación de tierras.
4. Desarrollo social: Salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza.
5. Estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa. Asistencia técnica. Subsidios. Crédito. Generación de ingresos. Mercadeo. Formalización laboral (el énfasis es nuestro).
6. Sistema de seguridad alimentaria”.
Si se tiene en cuenta la coexistencia de diferentes formas de producción en las zonas rurales del país, así como la heterogénea composición de la fuerza de trabajo rural — campesinos con tierra y sin tierra, colonos, comunidades étnicas, arrendatarios, aparceros, jornaleros, obreros, trabajadores familiares sin remuneración, artesanos, patronos, comerciantes, empleados, etc. — los enunciados de la política de desarrollo rural integral se refieren casi exclusivamente a las economías campesinas (incluidas las comunidades étnicas).
Mientras tanto, de la producción agraria capitalista y, por consiguiente, de la fuerza de trabajo asalariada, solo se hace una referencia implícita en el punto 5 de la agenda: la “formalización laboral” es incluida como un aspecto del “estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa”.
Las propuestas de las FARC
El marcado énfasis del primer punto del Acuerdo General en soluciones que interesan particularmente al campesinado y a las comunidades étnicas que trabajan la tierra, es aún más pronunciado en las Diez propuestas para una política de desarrollo rural y agrario integral con enfoque territorial, elaboradas por los voceros de las FARC.
Aparte de la prelación concedida al campesinado y a las comunidades étnicas, las mujeres ciertamente tienen un reconocimiento especial. No así los asalariados del sector rural que curiosamente no son mencionados explícitamente en ninguna de estas propuestas, aunque es de suponer que se los incluye en dos de estas, la segunda y la séptima:
La segunda propuesta se refiere a la “Erradicación del hambre, la desigualdad y la pobreza de los pobladores rurales, y [al] compromiso con el mejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo, mediante el acceso y disfrute efectivo de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales. Ello implica, de manera prioritaria, -agregan las FARC- “la puesta en marcha de programas masivos de nutrición y alimentación y de empleo rurales, de dignificación y laboralización (sic) del trabajo agropecuario atendiendo estándares de normatividad internacional (el énfasis es nuestro), así como la provisión de la correspondiente infraestructura social en educación, salud, vivienda, seguridad social, recreación, cultura y deporte, acompañada de la disposición extraordinaria de recursos del presupuesto público”.
Con respecto a esta propuesta caben varias observaciones:
No es claro qué entienden los voceros de las FARC por laborización del trabajo agropecuario.
En cambio sí es clara su idea de que los trabajadores rurales, dentro de los cuales seguramente incluyen no solo a los campesinos, sino a los asalariados y a los que combinan el trabajo por cuenta propia y por jornal, sean tratados de conformidad con “estándares de normatividad internacional”, idea que repiten en otra de sus propuestas.
Del párrafo citado anteriormente, también llama la atención la propuesta de “[poner en marcha] programas masivos de (…) empleo rural”. Respecto a la propuesta de que los patronos rurales respeten las normas laborales internacionales, me atrevo a decir que bastaría con que estos cumplieran la legislación laboral colombiana, que en buena parte está sujeta a normas de la OIT, para que hubiera una notable mejoría de la remuneración salarial y de las condiciones laborales del trabajo rural.
En cuanto a los “programas masivos de empleo”, hay que decir que, según estudios sobre el mercado laboral rural colombiano, el desempleo rural, en comparación con el urbano, es relativamente bajo, no así el subempleo, en tanto que la remuneración de los trabajadores rurales es muy inferior a la de los urbanos, pese a que en el campo las jornadas de trabajo son excesivamente largas.
En la séptima propuesta -“Reconocimiento y definición de los territorios y las territorialidades campesinas, incluidos los derechos de las comunidades campesinas y la dignificación y el reconocimiento político del campesinado (…)”- las FARC dicen que este reconocimiento [debe estar acompañado] “de medidas concernientes a la dignificación y al reconocimiento político de los campesinos y campesinas por parte del Estado, lo cual debe empezar con la adopción de la declaración de los derechos del campesino de la ONU, así como del acuerdo 141 de la OIT referente al trabajo rural, con su consecuente incorporación en el ordenamiento jurídico”.
Sobre la Declaración internacional de los derechos de los campesinos, no hay duda de que es un marco de referencia importante para las propuestas relativas al desarrollo rural con miras a lograr una paz duradera.
Sobre el Acuerdo o Convenio de la OIT, vale aclarar que data de 1975 y se refiere principalmente a los derechos de asociación y sindicalización de los trabajadores rurales, más no a la regulación de las relaciones laborales en el sector rural. Ciertamente, este Convenio no está entre los ratificados por el gobierno colombiano.
Por último, para precisar el sentido y el alcance de estas propuestas, convendría tener en cuenta la composición heterogénea de la fuerza laboral rural. En el año 2005, “los asalariados rurales [eran] alrededor del 42 por ciento (17 por ciento de empleados y obreros particulares, 2 por ciento de trabajadores públicos, 3 por ciento de domésticos y 20 por ciento de jornaleros). La distribución del resto de los ocupados [era así]: patrones 5 por ciento; cuenta propia 44 por ciento y trabajadores familiares sin remuneración (TFSR), 10 por ciento”[1].
Asalariados rurales, los olvidados
Aunque en modo alguno pretendo ignorar o subvalorar el peso económico, social, cultural y político del campesinado colombiano — dentro del cual incluyo a las comunidades étnicas que trabajan la tierra — quiero llamar la atención sobre los trabajadores asalariados de ambos sexos, los cuales tienen tanta importancia como el campesinado — así numéricamente sean menos que los no asalariados — y merecerían propuestas específicas, no solo por parte de las FARC, sino del Gobierno Nacional, de los gremios del sector rural e incluso de los especialistas en el problema agrario colombiano.
Antes de sustentar esta afirmación, no sobra advertir que la información estadística sobre el empleo rural y las características del trabajo asalariado en el campo es deficiente y carece de periodicidad.
Sin embargo, existen valiosos estudios [2]que tanto los asesores del gobierno como los voceros de las FARC podrían consultar para pensar en medidas justas y viables para mejorar la remuneración y las condiciones laborales no solo de los jornaleros y asalariados, sino de los trabajadores rurales en general. A continuación me referiré a unos pocos datos de estos estudios que considero relevantes para el debate público en torno al primer punto de la Agenda de La Habana.
Comienzo por recordar que, en un artículo titulado Los problemas del campo y el debate electoral, publicado en Razón Pública el 18 de mayo de 2010, los autores observábamos la escasa importancia que el problema agrario tenía en los programas de los candidatos a la Presidencia de la República de entonces.
Y entre las cuestiones que considerábamos prioritarias en las soluciones al antiguo problema agrario colombiano, mencionábamos no solo el acceso de los campesinos a la tierra, sino la mejoría de la remuneración y las condiciones laborales de los asalariados. Puesto que lo dicho en ese artículo no ha perdido vigencia, cito el siguiente párrafo:
“Dignificación del trabajo y la vida en el campo
“La mayoría de la población empleada en el sector rural, lo está en el sector agropecuario. De las personas ocupadas en 2006, 42 por ciento eran asalariados, 44 por ciento trabajadores por cuenta propia y 10 por ciento trabajadores familiares sin remuneración[3]. Se calcula que la remuneración del 68 por ciento de los trabajadores del sector rural es inferior a un salario mínimo legal vigente (SMLV). En 2009, según la Misión contra la pobreza, el 64,3 por ciento de los habitantes rurales eran pobres y de éstos 29 por ciento extremadamente pobres o indigentes. Se sabe, por demás, que una considerable proporción de la población rural vive en condiciones muy precarias y no tiene acceso a bienes públicos fundamentales como la salud y la educación”.
Estos datos del estudio de Leibovich y del Informe de la Misión contra la pobreza, ciertamente apoyan empíricamente algunas propuestas de las FARC, pero a la vez ponen de relieve la importancia de mejorar la situación laboral de los jornaleros y proletarios rurales.
Desde entonces a la fecha, que sepamos, no se han publicado nuevos estudios sobre el empleo rural, cuya información estadística se refiera a los años 2006 a 2012. Parece haber un vacío de información de seis años en esta materia.
Pese a esta limitación, y a las variaciones en las cifras del empleo rural según periodos de tiempo y ciclos económicos, y no obstante las diferentes formas de medición empleadas por quienes han hecho estudios sobre el mercado laboral rural entre 1984 y 2007, observamos un relativo consenso en torno a algunas características del empleo rural que valdría la pena tener en cuenta en las propuestas actuales en torno al desarrollo rural integral:
En las áreas rurales colombianas, a diferencia de las ciudades, la tasa de desempleo por lo general es baja, aunque se presentan variaciones según los ciclos económicos. En cambio, “las tasas de subempleo rurales son altas”, especialmente para las mujeres y para los pobres[4].
El desempleo femenino ha sido estructuralmente mucho más alto que el masculino, tanto en las áreas urbanas como rurales. Por ejemplo, “en septiembre de 2005, esta tasa era del 15,7 por ciento en la zona urbana y de 13,6 por ciento en la zona rural. Por el contrario, la tasa para los hombres era respectivamente, 10,8 por ciento y 3,8 por ciento”[5].
Los ingresos laborales de la mayoría de los trabajadores rurales son en promedio inferiores al salario mínimo. En 2005, el 68 por ciento de la población ocupada en el sector rural devengaba ingresos laborales inferiores al salario mínimo vigente[6]. Y según estimaciones para 2004, la proporción de trabajadores no asalariados que recibían ingresos inferiores al salario mínimo legal es mayor que la de los asalariados (76 por ciento y 60 por ciento, respectivamente)[7]. Más aún, los campesinos, tanto hombres como mujeres, que carecen de tierra suficiente para su subsistencia y la de sus familias, derivan buena parte de sus ingresos del trabajo a jornal.
Los ingresos laborales de las mujeres han sido históricamente muy inferiores a los de los hombres. Esta desventaja de género es aún mayor si se tiene en cuenta la jornada doméstica. En el documento del DNP aquí citado, se señala que, en promedio, la jornada laboral remunerada de las mujeres rurales es inferior a la de los hombres (11 o 12 horas de trabajo], “pero que al medir los salarios por hora iguales esto equivaldría a una diferencia en salario mensual de 25 por ciento o 30 por ciento a favor de los hombres”[8].
La precariedad del empleo rural se evidencia en jornadas superiores a 48 horas semanales, ingresos inferiores al mínimo legal, escasa cobertura de la seguridad social, etc. Al parecer, las jornadas de los trabajadores por cuenta propia suelen ser en promedio superiores a las de los asalariados, aunque una buena proporción de los primeros tiene ingresos laborales inferiores al mínimo. Esta situación probablemente se debe a la baja productividad de las pequeñas parcelas campesinas y a las dificultades para la comercialización de excedentes.
Los más pobres de los pobres del campo
A propósito de la fuerza de trabajo rural, convendría que tanto el gobierno como los analistas del sector rural analizaran el grupo de los trabajadores familiares sin remuneración, sin duda el más desprotegido del sector rural, pese a su importante contribución a las economías campesinas y a los negocios familiares.
Valdría la pena preguntar, por ejemplo, cómo fortalecer las economías campesinas sin aumentar la autoexplotación familiar. Otra pregunta importante es qué hacer para retener en el campo a los jóvenes de ambos sexos, cuyas expectativas de vida, de educación y de trabajo los llevan a emigrar a las ciudades.
Este problema es aun más pertinente en el momento actual, si se tiene en cuenta que, como lo han mostrado algunos estudios sobre el conflicto armado, no son pocos los niños y jóvenes de ambos sexos que se enrolan voluntariamente en grupos armados ilegales, ante la falta de un presente y un futuro medianamente satisfactorios.
En relación con este problema, hay que mencionar igualmente el hecho de que muchos de los pobladores rurales que se han visto obligados a abandonar su lugar de vivienda y de trabajo habituales, por motivos relacionados con el conflicto armado, expresan no querer retornar a sus lugares de origen, no solo por razones de seguridad, sino porque en las ciudades han encontrado, pese a sus duras condiciones de vida, mejores oportunidades de educación y de trabajo.
Los estudios aquí citados contienen un conjunto de recomendaciones al Estado colombiano en materia de políticas de empleo rural que valdría la pena examinar. También cabría preguntar al gobierno y a los autores de esos estudios cuáles de esas políticas se han puesto en marcha y qué resultados han mostrado en la última década

 Por: Rocio Londoño Botero Tomado de: http://prensarural.org/spip/spip.php?article10179

lunes, 4 de febrero de 2013

El Catatumbo, lecho de bravía dignidad

Diario de campo de la tercera escuela de líderes del Catatumbo
Son las cuatro de la mañana, un fuerte aplauso acompañado con un “vamos compañeros” apresura a los desprevenidos y despierta a los amantes del sueño que lidian con sus recuerdos y esperanzas, viene el tinto y como si fuera la sensación original de la mañana se transforma todo en pocos segundos. Desaparecen las carpas, las hamacas y toldillos que impedían el paso por la noche. El concierto de ronquidos es reemplazado por el sonido de un radio de 12 bandas sintonizando con esfuerzo radio habana
Afuera no se escucha mucho, desde el 99 La Gabarra, dejo de ser un pueblo prospero y ruidoso, las huellas del paramilitarismo no han sido borradas de las pocas familias que habitan tan desolado pueblo. Despertar ahí más que un acto político, era una muestra de dignidad, de memoria, de amor. Si supieran cuantas líneas faltan para comprender tan cruento pasado. Pero ahí estábamos, más de treinta personas dispuestas a no dejar morir al Catatumbo, a continuar alimentando la dignidad que lo distingue
Estábamos ansiosos, el día anterior se había dañado el motor de la lancha y tuvimos que dormir en la gabarra esperando a que lo repararan, debido a esto teníamos un retraso de 12 horas, pero teníamos un plan, la idea era “sencilla”, pasábamos el control fluvial de la infantería a las 5:00 AM, a las 5:30 el control de la guardia fronteriza venezolana y luego de escasas cuatro horas llegaríamos a nuestro destino. Después del almuerzo ya tendríamos el cronograma modificado y con una hora menos de sueño lograríamos realizar la escuela de líderes en el tiempo estipulado.
Nos demoramos mas en subir a la lancha que en sentir el peso de Murphy en la espalda “cuando piensas que todo está mal, puede pasar algo peor” , la infantería nos había cañado, solo dejaría transitar lanchas desde las seis de la mañana, y no a las cinco como le habían informado al Boga el día anterior. Los amantes del sueño sintieron un poco de rabia, pero ya los viejos líderes campesinos presentían algo. Media hora más media hora menos después de un viaje por tierra de 18 horas no es mucho. “listo ya son las seis dijo el primero”, “faltan cinco dijo otro” mientras cuadraban la hora entre los campesinos se veían algunos rostros con cara de sala de espera
Nos presentamos al control y de inmediato sentimos la particular hospitalidad de la infantería colombiana “Buenas tardes, necesitamos que se bajen y nos entreguen las cedulas”, como ya sabíamos que eso iba a pasar, veníamos acompañados por dos voluntarios catalanes, que trabajan para una agencia internacional de derechos humanos, al momento de bajar, los catalanes se presentaron al mando de turno y con rapidez comenzaron a ejecutar el protocolo que habían aprendido en su instrucción, en Barcelona. La cosa era seria no solo querían revisar las lanchas en las que íbamos, sino que querían registrar en un libro, los nombres y números de identidad de todos los que estábamos en las dos lanchas
A esta práctica se le denomina empadronamiento, es una treta sucia en donde los militares excusándose en mentiras recolectan los datos de las personas que consideran contrarias y luego son utilizados en montajes judiciales, falsos testimonios y hasta mensajes radiales, para señalarlos como terroristas y amedrentar la organización campesina
Cabe anotar que cada vez que un campesino conoce y quiere defender sus derechos fundamentales o alguien lo hace por él, todos!!! Absolutamente todos los militares se convierten en expertos magistrados de DIH, curtidos legisladores constitucionales o en el caso más patético en tristes tinterillos repitiendo una y otra vez con riesgosa exactitud lo dicho por un superior. En fin llevábamos más de una hora en el reten, ya estaba comenzando a calentar el sol y habíamos visto pasar unos tres mandos argumentando de manera distinta un porqué del registro de cada uno de los campesinos, solo pudimos salir de este embrollo cuando un mando superior vía telefónica ordenaba darnos paso sin registrarnos, sin más ni más, los fervorosos magistrados de toga pixelada desaparecieron
“nos fuimos pito” exclamo un campesino, de inmediato arrancamos a toda velocidad, rumbo a caño azul, un lugar que curiosamente es hermoso por las diversas tonalidades de verdes que se encuentran, llegamos al control fluvial de los venezolanos, luego de 10 minutos de sermón con acento venezolano, nos dejaron pasar libremente, si bien los soldados de frontera no son como los colombianos tampoco son de fiar, ya que tienen el signo pesos en cada mirada y cualquier falla te la cobran, literalmente.
Déjenme decirles que una de las oportunidades más bonitas para ver el rio de Oro es en verano, la angustia de encallar en una montaña de arena contrasta con la oportunidad única de ver los peces en hordas nadando bajo el agua, contemplar la vida que representa el rio en su totalidad y hacer parte de un paisaje que cualquier expedicioncita de la National Geographic envidiaría. Poco a poco el paisaje hace que uno valla sintiendo el porqué de tan decidida lucha y lo que implica no perder este tesoro. Luego de cuatro horas de viaje, llegamos a caño azul, en seguida entendimos que una sencilla y pequeña escuelita, sería nuestra ágora Catatumbera por los próximos tres días
Llegada la tarde dimos comienzo a la escuela, debido a los problemas de tiempo el que se suponía era el ultimo ponente se convirtió en el primero, era un profesor de la universidad nacional aunque cansado por el viaje, no le vio problema a comenzar con la sesión, de manera fluida y clara comenzó a explicarles a los campesinos la importancia del materialismo, poco a poco el aula se colmo de preguntas, es bien sabido que la vida de un campesino está llena de mitos, ritos, guacas, embrujos y demás. Evidentemente, no se pudo explicar, como el agua bendita permanece “fresca” después de varios años en una botella de Postobon o cual era el químico que utilizaba el brujo para “bendecir” el ganado y evitar que las garrapatas lo invadieran. Al final y sin arrebatar la fe de muchos campesinos, muchos de ellos quedaron fascinados con la explicación.
Al segundo día, fue desarrollado un ejercicio de análisis de coyuntura, las problemáticas a tratar eran claras, el primer punto de los diálogos en la habana, los efectos de la práctica de mono cultivo de palma aceitera en los territorios despojados por la violencia y la visión extractiva que proyecta el gobierno para la región. Dentro de tantas intervenciones, no dejaba de impresionarme que en una región con alto nivel de analfabetismo, se realicen análisis políticos tan bien estructurados, dignos de un aula universitaria. Llegada la tarde y después de varias horas de charlas y dinámicas que se realizaron en el taller de oratoria, llego la hora del baño, la hora más esperada para todos, después de una larga jornada de trabajo la sensación de peces diminutos en las piernas y la corriente fría en la espalda fue un relajante bastante agradable para todos. Culminamos nuestro segundo día de formación, viendo la película Cóndores no entierran todos los días, mientras descansábamos en hamacas guindadas de las ventanas de la escuela
4:00 am, ya es sábado, algunas mujeres de la vereda se ofrecieron para ayudarnos con la cocina y se escuchan sus charlas en el fondo, no es molesto, es ameno, pocas veces se siente alegría al despertarse a esa hora de la mañana. Debido al número de participantes nos solicitaron el día anterior, ayuda en la “rancha”, aunque cansado y un poco sentido porque no iba a estar presente en la sesión de problemáticas agrarias, me levante de inmediato y acompañado de un amigo con el sueño todavía en la espalda, nos pusimos en la labor de ranchar
Mientras hacíamos el desayuno aparecían lentamente, los compañeros de estudio, no faltaron los chistes acerca de que los bogotanos íbamos a estropear la comida, pero el ambiente se puso muy ameno, la rancha a diferencia de una cocina en la ciudad, es un lugar de encuentro y de tradición oral, mientras fritábamos arepas escuchamos como habían llegado la gente desplazada a la vereda y que experiencias habían tenido con la comunidad Bari. De vez en cuando, se escuchaban de lejos las intervenciones de los compañeros, nos acercábamos a escucharlas, algunos nos preguntaban qué habría de almuerzo y de inmediato volvíamos a nuestras labores. Ese día después del baño, proyectaron Retratos de un mar de mentiras, con todas las reflexiones agrarias hechas por la mañana, las conferencias de organización en la tarde y los recuerdos a flor de piel, brotaron las más sentidas intervenciones, la mayoría de los asistentes eran desplazados, a algunos se les quebraba la voz al hablar, pero en todas las ocasiones reivindicaron el papel que jugaban frente a la impunidad y la importancia de la asociación para ellos
El domingo todos los campesinos tenían que estar en el aula, ellos tenían que realizar un balance minucioso del año y de la escuela, esto significaba, que la rancha estaba en la responsabilidad de los talleristas, no sé si algunos compañeros alcanzaron a dudar de las cualidades culinarias de los bogotanos, pero de la comida que se hizo ese día no quedo ni la pega por la noche, a todos les encanto y casi todos repitieron. Ese día los campesinos que colaboraban en la logística de la escuela nos tenían una actividad a cada uno, nos enseñaron a bajar racimos de plátano, a tener equilibrio para transportarlos cuando se pasa por las quebradas, a manejar lancha, moto sierra, a cortar bien la leña con un hacha y hacer los populares chontos. Fue tanto el entusiasmo que se le dio a las labores, que sobro leña, sobraron racimos y se hicieron chontos muy profundos
Al otro día, cuando estábamos culminado el balance, comenzaron ha asomarse rostros con notable curiosidad en el salón de clase, poco a poco se fue colmando de gente la escuela, gente a la cual se le notaba el trabajo, lo digo porque al recostarse en las varillas de los ventanares, se podían ver a mediana distancia cayos y cicatrices en todas las palmas de las manos. Sin notarlo varias mulas estaban amarradas en la parte posterior de la escuela y cuando me estaba preguntando quienes eran sus dueños aparecieron de la selva, no dos, sino una decena de campesinos con enormes palos afilados en sus puntas, de repente se reunieron y recibiendo instrucción del mas baquiano, comenzaron a sacar de unos baldes de plástico, inmensos pedazos de carne, ¡gigantescos! , aceleradamente comenzaron a ensartar los trozos gigantescos, en los palos gigantescos, mientras con el fuego de nuestra rancha, hicieron una hoguera gigantesca.
Los sonidos de los motores de las lanchas comenzaron a rodear el espacio donde estábamos, brotaban de la pequeña entrada del terreno de la escuela decenas de campesinos, ante tal afluencia de gente, nos reunimos toda la comitiva, cerramos el balance y nos preparamos rápidamente para recibir a más de 200 personas pertenecientes a las veredas de Caño Mariela, caño tomas, bella vista, caño Ramón de Teorama, Caño Azul, Cooperativa, Palmitas, Caño Escondido de Convención, el Comité de mujeres de Rio de Oro y el Concejo Comunal Simón Bolívar
Los pobladores estaban allí para escuchar varios temas, primero las reflexiones acerca del plan Consolidación territorial promovido por el ejército, escuchar en que va la Zona de Reserva Campesina del Catatumbo y analizar la labor de Derechos Humanos desarrollada por ASCAMCAT. Después daríamos paso a una jornada de integración entre ellos y los que estaban recibiendo la escuela política. Despues de esto, de manera solidaria, serían los anfitriones de un gran asado llanero, para amenizar la jornada. Para no quedar con las manos cruzadas, algunos compañeros se postularon para hablar, otros para cantar y hasta para jugar futbol con los equipos que habían llegado a la integración
Antes de empezar la jornada rendiríamos un minuto de aplausos al compañero Orlando Sánchez, el cual había fallecido hace poco y se destacaba por su admirable e infatigable esfuerzo en la lucha campesina del Catatumbo y la defensa en derechos humanos de los campesinos. Un gran líder que sin preverlo se ausentara materialmente del trabajo organizativo, pero vivirá como ejemplo pujante en la región.
Acto seguido las palabras de la junta directiva y del equipo técnico de la asociación, este espacio es vital para el proceso organizativo, los datos y el discurso académico colaboran bastante, pero la legitimidad del discurso la hacen los líderes campesinos que en sus palabras, con sus ejemplos y lo más importante con su imagen campesina, son los que generan el vínculo entre la organización y la comunidad
Después de varios aplausos vimos a uno de nuestros compañeros explotar su lado artístico, el hombre que en todo el viaje parecía muy callado, sorprendió de inmediato cuando comenzó a cantar, empezó con una de Ali Primera y termino con una de Garzón y Collazos, realmente fue un momento muy emotivo. Pero la parte artística no termino ahí, apenas se bajó uno se subió el otro, mejor dicho los otros, de la escuela había nacido una agrupación de sorpresa, acompañados con una armónica, una guacharaca de pvc y una sencilla guitarra, Don Pablo quien había dado un bello discurso hacia unos minutos, comenzó a cantar, es impresionante la cantidad de compositores que se encuentran en la región, pero mucho más lo que logran componer y en eso Don Pablo se destaca
El sentir campesino se respiraba en pleno, olor a ternera a la llanera, hojas de plátano como vajilla, campesinos tocando coplas originales y la fastuosa naturaleza enmarcando todo el panorama. Todo esto reunido por una sola razón, la protección del Catatumbo, de su naturaleza, de sus recursos, de sus gentes y de su historia de lucha. Ese en realidad era el mejor escenario para sentir lo que representa el Catatumbo, un lecho de bravía dignidad. Así culmino la tercera escuela de líderes de ASCAMCAT, en medio de una gran celebración, coplas y vivas, diciéndole al mundo y a sus gobernantes, que están allí, prestos a transformar lo que quisieron arrancar con la violencia, que están dispuestos a materializar el sueño de Bolívar y que no dejaran que la figura del campesino colombiano desaparezca, porque son conscientes que sin ellos, desaparece el campo como lo conocemos y no habrá mucha Colombia porque luchar
Notas:
1. La Ley de Murphy es una forma cómica y mayoritariamente ficticia de explicar los infortunios en todo tipo de ámbitos
2. Conductor de lancha de rio

Asociación Campesina del Catatumbo Tomado de: http://prensarural.org

Expedición Perijá

Importante proyecto que busca desarrollar planes de vida sostenible y respetuoso de las condiciones ambientales

La Expedicion Perijá es una iniciativa de campesinos y campesinas de la zona alta de los municipios de Curumani, Chiriguana, Chimichagua y Pailitas empeñados en la constitución de la primera Zona de Reserva Campesina en el Departamento del Cesar. Esta iniciativa se construye con el acompañamiento y la asistencia técnica del Programa ART-REDES del PNUD y del INCODER.
La construcción de la Zona de Reserva Campesina del centro del departamento del Cesar es la primera experiencia territorial de restitución de derechos de población desplazada, de protección del modo de ser campesino y del aumento de la producción de alimentos, enmarcada bajo el enfoque de construcción de paz

Tomado de: http://prensarural.org

¿Qué es Soberanía Alimentaria?



La Soberanía Alimentaria defiende el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sustentable y ecológica, y el derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Sitúa a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas. Defiende los intereses de e incluye a las futuras generaciones. Ofrece una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y corporativo y el régimen alimentario actual, para encauzar los sistemas alimentarios, agrícolas, pastoriles y de pesca hacia su gestión por productores y productoras locales.

La Soberanía Alimentaria da prioridad a las economías locales y a los mercados locales y nacionales, otorga el poder a los campesinos y a la agricultura familiar, la pesca artesanal y el pastoreo tradicional, y coloca la producción alimentaria, la distribución y el consumo sobre la base de la sustentabilidad ambiental, social y económica. La Soberanía Alimentaria promueve el comercio transparente, que garantice ingresos dignos para todos los pueblos, y los derechos de los consumidores para controlar su propia alimentación y nutrición. Garantiza que los derechos de acceso y la gestión de nuestra tierra, de nuestros territorios, nuestras aguas, nuestras semillas, nuestro ganado y la biodiversidad, estén en manos de aquellos que producen los alimentos. La Soberanía Alimentaria supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos étnicos, clases sociales y generaciones.

El concepto de Soberanía Alimentaria fue presentado como nuevo paradigma por La Vía Campesina, movimiento internacional que engloba a organizaciones campesinas, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, comunidades de pueblos originarios, gente sin tierra, jóvenes rurales y trabajadores agrícolas migrantes de 70 países de Asia, África, Europa y América, durante la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en el año 1996.

Posteriormente tres eventos mundiales reunieron a los movimientos sociales y a la sociedad civil en su conjunto para avanzar en el concepto de Soberanía Alimentaria: en septiembre de 2001, el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria de La Habana; en junio de 2002, el Foro de Organizaciones No Gubernamentales / Organizaciones de la Sociedad Civil para la Soberanía Alimentaria de Roma, paralelo a la Cumbre Mundial de la Alimentación; y en febrero de 2007, Nyéléni, el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria, en Sélingué, Mali, África

Tomado de: http://www.soberaniaalimentaria.net

domingo, 3 de febrero de 2013

Documental Hasta que el Sol se Apague



Este es un avance de la Pelicula de Monica Orjuela con el apoyo de Prensa Rural Producciones
Hasta que el Sol se Apague

 

Documento Foro Política de Desarrollo Agrario


Esta publicación recoge las propuestas e iniciativas que los ciudadanos depositaron en buzones y las quepresentaron en las llamadas Mesas de Socializacion (seguir enlace) que se conformaron en el
Foro Política de Desarrollo Agrario Integral (Enfoque Territorial), y quisimos compartir con ustedes el Documento completo para el análisis y estudio de los interesados

La Isla de las Flores

Este es un documental reflexivo, maneja temas diversos que confluyen en una dura critica a la sociedad actual y no debería pasar desapercibido